viernes, 29 de julio de 2016

-¿Lector lector? -Lector escritor, mucho gusto.


Leer es muchísimas cosas, pero fundamentalmente una elección, una elección de libertad. Sin embargo, nada hace mejor a aquel que lee de aquel que no. Simplemente se elige leer como se elige cantar, correr, comer o subir a una montaña un domingo de sol. Así, la lectura no implica una experiencia mística: los libros no caen en nuestras manos ni nos eligen, de la misma forma en que la montaña, verdaderamente, no viene a nosotros, ni un guiso de fideos nos elige para que lo engullamos. La lectura implica una actividad que casi siempre (o siempre) es práctica y no instrumentalista: nos sirve para acrecentar nuestra información o para favorecer el simple goce, y, en el medio, todas las posibilidades que se nos ocurran.
Hablar de la lectura, para mí, es imposible sin tener a Nietzsche revoloteando con aquella metáfora del camello, el león y el niño. La lectura, más allá de la interpretación del filósofo alemán, implica atravesar estas tres instancias: rumiar el texto con cuidado, ser paciente (como el camello), luego rebelarse, indagar, hostigar, ser crítico (he aquí el león) y sorprenderse mediante la inocencia (como el niño), para eventualmente asumir una postura creadora.
Ahora bien, una vez que elegimos leer, a muchos nos sorprende esa doble coyuntura que implica la siguiente elección: ¿Se lee como lector o se lee como escritor? ¿O es posible asumir la lectura de un texto cualquiera de ambas formas? (Aquí no cabe optar por la opción “ninguna de las dos”, dado que la lectura implica asumir, al menos, el obvio compromiso de leer).
Durante algún tiempo leí como lector: elegía el champú en el baño o la información de la pasta de dientes; después los carteles de la calle, alguna que otra breve nota, el diccionario. Luego llegó una novela que robé de la biblioteca (raquítica) de mi abuelo y algún que otro libro que me regalaron y que elegí leer. Después fui a las librerías de usados, con una lista donde buscaba directamente aquello que me interesaba y que muchas veces me sorprendía bien y mal. También (es seguro) muchos de esos libros fueron olvidados o descartados sin siquiera haber llegado a la segunda página. Después llegó la Universidad, y es muy probable que allí comenzara a leer como escritor, puesto que en esas circunstancias uno lee no sólo para informarse sino también para producir conocimiento. Fue cuestión de tiempo para que comenzara a leer buscando acrecentar el mundo que me permitiera escribir, primero poesía y después prosa.
Cuando se lee como escritor se lee con la paciencia del detective, buscando pistas, señas, excusas, estrategias; se lee corrigiendo, agregando características a los personajes, moldeándolos, restando versos, modificando verbos, indagando por qué o cuál; y, finalmente, se lee tratando de construir un lenguaje propio que permita reproducir una manera de decir.
Hoy, casi todo el tiempo elijo leer como escritor, dado que considero que la lectura, y sobre todo la lectura de poesía, es fundamental para escribir. Pero también elijo releer como escritor (acaso he releído muchísimas cosas más de las que he leído), dado que la lectura favorece la reproducción de la lectura (he ahí entonces la relectura y la lectura de nuevas lecturas) y estimula (creo haberlo dicho ya) la escritura.

En suma: leamos, releamos, favorezcamos el placer, escribamos, leamos en voz alta impostando la voz, indaguemos al escritor, asumamos una actitud comprometida, compartamos textos; pero sobre todas las cosas, procuremos que la lectura favorezca siempre esa capacidad de sorpresa que olvidamos en la infancia.


(En "Tramas de la ciudad", Nº 3, Año 2, julio 2016. Salta)


4 comentarios:

Fran Robles dijo...

Muy buena reflexión. Un saludo

Miriam Tessore dijo...

Leo, de pronto quise saber de vos y me encuentro con esta nota sobre la lectura, y yo he seguido tal cual tus pasos: "Durante algún tiempo leí como lector: elegía el champú en el baño o la información de la pasta de dientes; después los carteles de la calle, alguna que otra breve nota, el diccionario. Luego llegó una novela que robé de la biblioteca (raquítica) de mi abuelo y algún que otro libro que me regalaron y que elegí leer. Después fui a las librerías de usados, con una lista donde buscaba directamente aquello que me interesaba y que muchas veces me sorprendía bien y mal. También (es seguro) muchos de esos libros fueron olvidados o descartados sin siquiera haber llegado a la segunda página. Después llegó la Universidad, y es muy probable que allí comenzara a leer como escritor, puesto que en esas circunstancias uno lee no sólo para informarse sino también para producir conocimiento."

Y ahí me quedé. Jamás se me ocurrió leer como escritora. Simplemente seguí leyendo y sacándole punta al lápiz, afinando mi gusto poético -que es muy sui generis, lo sé-.
Amo leer, simplemente ser lectora.

Anónimo dijo...

Hola, es elige, no elije. A cualquiera le puede pasar. Por favor luego borra mi comentario, no es con intenciones de molestar, pero no encontré un mail para escribirte.

Llegué por tu poesía, me gustó mucho. Y muy buena la nota.

Un abrazo.

Leo Mercado dijo...

Hola! Es verdad. Seguramente copié una versión preliminar, sin corregir, dado que en la versión publicada el error no es tal. En fin, gracias de todas formas por el llamado de atención.
Mi mail es lemmer@hotmail.com, por si querés contactarte conmigo.
Saludos.