viernes, 19 de febrero de 2016

Jauría




Insisto en franquear Bombay sobre un paquidermo de papel. Y en la Torre de Babel que el vendaval sugiere, mi nombre suena en, al menos, quinientos cuarenta y siete lenguas, pero sólo en marathí, es una navaja feroz, un chillido de metal. 

En Nehru Nagar, por sesenta rupias, olvido a los hombres de hielo (aquellos que me roban el día y me descentran la rosa de los vientos). Manipulo la memoria, y al llegar a Dharavi, me encuentro con el bombeo sanguíneo de mi artefacto malsano absolutamente rectificado. 

Mi paquidermo oscila lateralmente, como en velero en aguas calmas. Desde aquí diviso, secreto, la fuente de aquella plaza peninsular (donde una mujer espera intacta), los tigres de Bengala, la torre Eiffel.

Entre cerros, agazapado, observo, con la providencial fiereza del que olfatea sangre. Y navego. Navego este velero fulgurante y dejo caer mi mano oeste, y dejo que el roce tenue del agua sea una caricia que restituya la paz del segmento ensordecedor, donde la euforia se hace carne. Y busco anclar la ira. Y lo hago. Ahí, justo cuando tu boca que besa y ama dilucida el día a día.

Y galopo. Y mi alazán y yo somos un mismo movimiento, un mismo viento, una misma polvareda que surca quebradas y ríos. Y yo no sé si son los cascos los que fecundan esta tierra mía, o si soy yo el heredero de este destino de tabaco y maíz.

Sé, acaso como única verdad, que la jauría se alzará indefectible. Que me devorará hasta los errores, hasta los sueños no soñados; y que yo aceptaré el embate sin oponer resistencia. Y no habrá lugar al cual huir, ni superhéroes o paquidermos o veleros o potros que objeten la embestida. Sólo yo, enseñando los dientes.



de "Jauría" (2011)




1 comentario:

Luna dijo...

"Jauría", mi favorito.