miércoles, 25 de junio de 2014

Jauría


A Caro

A lo lejos, la jauría aúlla, erizándole los árboles a este valle de inoculables letanías. A lo lejos, también, la luna es un ojo artero, enorme, que espía los pormenores lúdicos desde atrás de ese aserrado telón que son los cerros del oeste.
Yo, aquí, escribo pistas. Acecho con vociferaciones, propias para otra ocasión, la serpenteante espalda de una mujer hermosa a la que, creo haberlo dicho ya, la ternura se le sale por los ojos.
Aquí bebo del cuenco de sus muslos, tirito de espanto, de espasmo, todos mis huesos demasiado. Soy el obstinado, el barbado, el sublevado; soy el niño que teme a la oscuridad y el viejo que también teme, postrado ante el advenimiento de la más absoluta de ellas. Soy Adán, lo juro, subido a un árbol con mi cuerpo cubierto de pelos, comiendo una manzana (esta vez soy yo el que inicia el caos) con desenfreno animal. Soy aquel que viaja en una nave indescriptible, por una galaxia inexplicable. Soy. Soy el hombre que escribe como única forma de anclarse a algo que realmente valga la pena.

Soy el que aguza el oído y escucha a la jauría, cada vez más cerca. Y sonríe, con los dientes afilados y la valentía intacta. Soy el que cierra la cortina, apaga las luces y produce el milagro. Entonces, soy el que abraza a la mujer aquella, Eva, la que no ha probado manzanas, la que baja del árbol para mecer mi sueño y ser el pez que marca el rumbo de la manada. Porque es necesario, porque a veces es menester dejar el coraje a otros más inofensivos y decir chau, hasta mañana.

viernes, 20 de junio de 2014

14




esta noche
de nubes dependientes
y lejanos aullidos
no voy a ser yo
el que se quede
sin vos



miércoles, 18 de junio de 2014

Delicadeza



Es noche en Singapur. Noche de cielo estrellado. Ahí, en la ciudad de los leones, la luna es un alfiler que punza con desenfreno.

Del otro lado del mundo, en Dos Ríos, una lluvia intensa azota con inusitada violencia los laterales del tabaco, desbordando los desiguales cauces y acrecentando la fatiga de mis pies enclavados en el barro.

La única delicadeza es ese tesón con el que te aferro a mi boca mojada, con el que te rescato de la manada que te acecha.



sábado, 14 de junio de 2014

3




Levantar los párpados. Sacudirse la cama del cuerpo. Saber que una mujer vela mi sueño. Que no estoy solo. Que el órgano vital bombea desparejo, pero bombea. Hacer una pausa. Mirar (como aquella noche) los pies desnudos. Saberlos enclenques, pero resistentes.

Caminar con pasos breves. Despabilar el café del frasco. Despabilarme. Abrir el agua caliente. (Mientras tanto el café en la taza). Depurarme. Quitarme lo que no es mío, lo que no me corresponde. Reencontrarme con lo último que me cubrió anoche. Dejar que sea lo primero del día.

Deshacer el polvo. Andar. Creer que lo único que sostiene la estrella es la desidia con la que me aferro al mundo. Pensar en los muertos de la espera. En los vivos hostigándolos, inquiriéndoles premuras. Decir hola qué tal buen día, con la cara llena de risa. Y tragar ácido, por lo bajo.

Rehacer el polvo. Andar. Volver. Saber que una mujer vela mi sueño. Que no estoy solo. Aunque aquí, entre estas cuatro paredes, las manchas de humedad exijan tener los huevos que no tengo para mandar todo a la mismísima mierda. Y recomenzar.



lunes, 9 de junio de 2014

1




sobre un árbol
un homínido
intentaba cortejar
a una homínida

saltando de rama en rama

acariciando
con fruición
su lomo

ensayando
aullidos de sutura

ella
indiferente
cambiaba de árbol

y él
sin imaginarlo siquiera
daba origen a la poesía

millones de años más tarde
algunos
continuamos en la faena


(de "Poesía homínida", 2014)



viernes, 6 de junio de 2014

Un poema, doce años después



20

 
Para Aña, el niño que una vez, 
en la selva guaraní, me confeso que era un árbol. 
Él tenía cinco años de edad, yo algo más de veinte, 
en ese momento no supe o no pude entenderlo.





entonces
harto de los quehaceres
de la sombra

de rebosar
en la propiciación acuática

nazco

y me nombro
con un vernáculo silencio
acorde a mi piel oscura
a mi lóbrego pelo

y mis pies enraízan
y mis manos enraman
y me sonrío entonces
como parte del viento