viernes, 6 de junio de 2014

Un poema, doce años después



20

 
Para Aña, el niño que una vez, 
en la selva guaraní, me confeso que era un árbol. 
Él tenía cinco años de edad, yo algo más de veinte, 
en ese momento no supe o no pude entenderlo.





entonces
harto de los quehaceres
de la sombra

de rebosar
en la propiciación acuática

nazco

y me nombro
con un vernáculo silencio
acorde a mi piel oscura
a mi lóbrego pelo

y mis pies enraízan
y mis manos enraman
y me sonrío entonces
como parte del viento



6 comentarios:

Darío dijo...

Puro...

mónica pía dijo...

bellísimo nacimiento... y hoy, cumpleaños?

cariños!

loli dijo...

just beautiful!

el maquinista ciego dijo...

Hermoso!!

Abrazos, Leo ;))

Vera Eikon dijo...

Qué hermosura, por dioooooossssss!!!

Vera Eikon dijo...

Qué hermosura, por dioooooossssss!!!