sábado, 14 de junio de 2014

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Levantar los párpados. Sacudirse la cama del cuerpo. Saber que una mujer vela mi sueño. Que no estoy solo. Que el órgano vital bombea desparejo, pero bombea. Hacer una pausa. Mirar (como aquella noche) los pies desnudos. Saberlos enclenques, pero resistentes.

Caminar con pasos breves. Despabilar el café del frasco. Despabilarme. Abrir el agua caliente. (Mientras tanto el café en la taza). Depurarme. Quitarme lo que no es mío, lo que no me corresponde. Reencontrarme con lo último que me cubrió anoche. Dejar que sea lo primero del día.

Deshacer el polvo. Andar. Creer que lo único que sostiene la estrella es la desidia con la que me aferro al mundo. Pensar en los muertos de la espera. En los vivos hostigándolos, inquiriéndoles premuras. Decir hola qué tal buen día, con la cara llena de risa. Y tragar ácido, por lo bajo.

Rehacer el polvo. Andar. Volver. Saber que una mujer vela mi sueño. Que no estoy solo. Aunque aquí, entre estas cuatro paredes, las manchas de humedad exijan tener los huevos que no tengo para mandar todo a la mismísima mierda. Y recomenzar.



5 comentarios:

Noelia Palma dijo...

Ay.
Siempre lo mismo, eh. No se puede con vos

Darío dijo...

Preciosos pequeños gestos de vivir...

el maquinista ciego dijo...

Precioso comentario de Darío...tal cual.
Inmensa riqueza la del que tiene quien vele su sueño ;))

Vera Eikon dijo...

Ducharse y desprenderse de lo que no es uno mismo para después volver a contaminarse....Este texto es como andar con el ojito puesto en su pensamiento. Me encanta! abrazoamigomercado

Lidia Fernandez dijo...

Te veo, te veo claramente en esas mañanas y sus detalles