martes, 29 de abril de 2014

CUATRO RAREZAS




19

si pudieran creerme
que es el tiempo
quien olvida

y no yo

que mis dedos
no son los que
fabrican historias

y sí los tuyos

que me escondo
detrás de mis suspiros
que quisiera que me vieras
tal vez arrojarme al vuelo

que no podría hacer otra cosa
que retorcerme el pescuezo
para saberme vivo

créanme



ÁRBOL

me asumo mundo
olvido entonces 
casi todas
las palabras
simples

los pretextos

quizá lloramos luz
ambos
a la distancia

y yo intento 
darme cuenta
me sacudo
y estiro mis ramas

y ya soy cielo
y no más mundo

árbol

y tengo miedo
y lloro 



XLI

ignoro si hoy
podría consolar todo el verde
que mis ojos abarcan

habría que ocultarse
entre disparos al aire

entre la arcilla
en que modelo una costilla

para que seas
para tener mi costado intacto



XLIII

el revés de mi camisa
su estar patas arriba
y las verticales trenzas

es todo lo que mi ventana
complace

yo revuelvo
líquidos imposibles
hasta el cansancio

fecundo esos engendros
que poblarán mi mundo
de papeles ilegibles

quiero decir
tirito en esta cárcel
todos mis huesos demasiado



5 comentarios:

Vera Eikon dijo...

En realidad eso es el poema, un tiritar todos los huesos,demasiado....Unos poemas encantadores estos. De esos que relajan el músculo y afloran la sonrisa. Y sin embargo, ahí, en el fondo, algo velado...Abrazo amigo!

el maquinista ciego dijo...

No estoy muy lúcida estos días y no puedo decir mucho, sólo leerlos y guardarlos el instante que duran. Me han gustado mucho, Leo, quizás porque ando yo también 'llorándole luz a la distancia' o porque últimamente soy un poco árbol...
Bicos!

Darío dijo...

La rareza no está exenta de belleza, por lo visto, Señor Mercado. Cuatro zambullidas divinas.

S de Sofía dijo...

Cuánta belleza, cuánto sentimiento que remueve bien dentro.
Si estar preso provoca esto, que sea una larga condena.

Besos y versos.

Sofía

Leo Mercado dijo...

Gracias, amigos Por la lectura y los comentarios.
Fuerte abrazo a los cuatro.