sábado, 5 de abril de 2014

7 (Nota sobre el animal totémico)



El animal totémico se precipita, enclenque, con su pie solo, con su solo pie. Es una lluvia que gotea desde techo con la pausa que impone el no esperar, en absoluto, que algo suceda.
En los cerros del frente nieva, y el animal totémico, caído ya, se yergue. Es un charco ahora, que, sin embargo, no inunda ni la superficie de una baldosa.
El animal totémico quisiera adentrarse, ensimismarse, revolverse las entrañas de madera fría. Colmarlo todo. Pero no.

Y entonces, poblarse de inconmovibles rituales que apresuren el advenimiento de alguno de los antónimos de la soledad, supone lo inconmovible, lo inmutable: el animal totémico y su furibunda desidia mortal.


2 comentarios:

el maquinista ciego dijo...

Quizás esperar 'el advenimiento de alguno de los antónimos de la soledad' sea lo que haga toda la vida....
Y quizás también yo misma sea el antónimo de ese no esperar que algo suceda del animal totémico...
Se me ocurre ahora que quizás mi esperanza continua sea algo enfermizo, voy a hacérmelo mirar, jajaja.
Bicos, Leo! Me gustó mucho mucho ;))

Mariela Laudecina dijo...

Hola amiguito! estuve leyéndolo. Muy hermoso este tótem.