domingo, 9 de marzo de 2014

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Estar parado en la fila del supermercado, y sentir esa sensación (acaso comparable con un puño que arruga una tela) hacerse carne desde las afueras del pecho hacia el centro. Mirar los pies, automáticamente, y mover los dedos en el interior de las zapatillas. Empuñar con la izquierda la ira, y con la derecha la suma de menesteres, hasta entonces imprescindibles.

Cinco o seis segundos solamente. Y no caer.




2 comentarios:

Vera Eikon dijo...

A veces sería preciso clavar las zarpas en la tierra. Quizás sea eso lo que hacemos al escribir....Bico amigo Mercado!

Leo Mercado dijo...

No tengo ni la más minúscula duda de lo que dice, Hermidalonga.
Beso grande.