miércoles, 30 de octubre de 2013

XIX




Sé que si relato palmo a palmo cada uno de tus recovecos, estaré hablando de la indivisibilidad de todas las mujeres que habitan fuera de tu cuerpo. Y que no existen.



domingo, 27 de octubre de 2013

I




mi pie rompe el acento
y tu aliento enardece el íntegro mar
recogiendo puñados de viento sin rosas

juntos
aquí
completamos el aullido

renombrándonos



viernes, 25 de octubre de 2013

XVII





inhalar profundamente
la felicidad revuelta en tu pelo


de eso se trata estar vivo



jueves, 24 de octubre de 2013

XII




el soplido que dibuja letras
que parecieran azarosas
pero que no


que transita el cuarto todo
y que vemos
ambos
ondular el aire


el soplido
el súmmum de aireamorsaboravos
que guardo celoso en un puño cerrado


exige que resista
un latido más



martes, 22 de octubre de 2013

XXV




empecinado en precipitarme
en tu noche
de arañas transparentes

soy la desmesurada mosca
que aletea en las sábanas

a tu acecho 



lunes, 21 de octubre de 2013

XXXI




sitiado
como un relámpago
ante el puñal cerrado del rayo

así estoy frente a vos



sábado, 19 de octubre de 2013

XXXVI




aquí estoy
ajeno a toda certidumbre
preso entre montañas


soy el idiota miope
que cree que el mundo es
lo que está entre la cara
y la punta de la nariz



miércoles, 16 de octubre de 2013

VII





a veces
la soledad es un espanto alado
un buitre
que me revolotea la sangre



lunes, 14 de octubre de 2013

24 (cruz)




no digo más

                    entrás partiéndome el aire 



domingo, 13 de octubre de 2013

"La otra historia"* (a propósito de estas fechas)

   

Es 15 de noviembre del año de Dios 1532. Junto a mí, otros 167 hombres y 37 caballos, caminan desde Cajas, en el hermoso valle de Chancay, tintineando armaduras, muertos de miedo. Ya estamos entrando a Cajamarca, nuestro destino. Hemos soportado las inclemencias del tiempo y la geografía con la tenacidad del que olfatea oro incansablemente.

Sé que pronto tendré mi botín. Y que después de la revuelta, largamente organizada con el resto de la tropa, el prisionero será Francisco Pizarro y no Atahualpa.





* Este texto forma parte de "Hacer el cuento. Microcrónicas" (Macedonia, 2012).

sábado, 12 de octubre de 2013

27





enmascaro el tañido
del ajenjo
disimulando
lo sutil

lo que aquí queda
o quedará

una mancha en esta mesa
una risa suculenta
y una promesa desecha

recobrará  en algún tizne ajeno
el súbito sabor de una dulzura
que no nos permitimos



jueves, 10 de octubre de 2013

23



la comezón
de la tierra
oruga levemente
al ángulo superior izquierdo
de esta habitación


ahí
el artificio de la luz
permite distinguir
el contorno perspicaz de la araña
balanceándose en su tela



martes, 8 de octubre de 2013

37




dosmilmetrosdealtura
las nubes se disputan
rincones del cielo
y éste
abatido ya
nos otorga todo su llanto

la leña
mi espalda
renuncian entonces

y descendemos todos
acuosos
beligerantes
abriendo destino
a filo de hacha

hasta el cálido candor
en donde nos dejamos cocer
para sabernos
para sentirnos enteros
desafiantes




martes, 1 de octubre de 2013

5




no ha de ser tan terrible

soportar la cicuta
uniforme
de la noche
sobre el azabache
uniforme
de mi pelo


Las luces comienzan a apagarse poco a poco. El vidrio de la calle Caseros bruscamente se transforma en una persiana metálica. Pronto le seguirán los otros, que miran hacia el norte. Somos sólo dos los trasnochados: el último mozo y yo.

-No creo que venga -me dice.
-No, no creo -digo, y ahogo el humo de mi pequeña caldera portátil.

Acomodo los pocos trastos que cargo conmigo, que son los mismos de siempre: la lapicera 0.7 de tinta negra (la de mejor trazo, mejor incluso que la 0.5), el cuaderno te tapas rojas (mi gran tesoro), mis ansias, mis motivos y el tabaco. Me ensarto de un saque el último resto de café, ya frío (creo que era el de la taza número cinco) y salgo. Afuera pareciera llover, pero sin mojar, y comienza a latirme en la comisura de los ojos la venida del otoño.

Camino por la recova que desemboca en la plaza de palmeras oscilantes, atravesando cajas, bolsas, cuerpos paupérrimos. Al llegar, elijo un banco cualquiera; la lluvia que antes no mojaba, ahora sí, pero no me molesta.



y como si de contabilizar estrellas
se tratara
o peinarle las fauces al destino

miro uniformemente
como las gotas se posan
sobre los vidrios que me traen el mundo
para que ya no esté
tan solo

tan sin nadie