martes, 3 de diciembre de 2013

ÍES




Íes van, íes vienen. Se le fugan como el pez que se retuerce y ríe ante el pescador novato de anzuelo de alambre. Y el más se le ausenta un instante (que para ella es la suma de todos los tiempos). Yo le digo que no, que la gracia, que desde aquel primitivo Adán, muerto de frío y miedo ante una Eva voluptuosa y vulnerable, hasta yo, o mí, cabe mucho. Bueno, eso. Ese todo. Y las íes, nuevamente por el piso, entre los poemas sueltos, los cuentos sin desenlace, la yerba con naranjas del mate; y en la mesa, en el escritorio, en las caries de mis pies, en las facies del ciempiés; en el zodiacal destino ariano. Íes de todos los colores, perdidas, extraviadas. Sin sus manos. Sin su caricia fiel. Perdidas. Perdidas. Como la ira que vacila acechante este recinto, sin saber qué carajo hacer conmigo, con lo que le toca en suerte; dejándome sabor a nada, por el simple hecho de no haber tenido, de niño, ningún sueño que soñar.



9 comentarios:

Mariela Laudecina dijo...

Qué hermoso! besos.

Vera Eikon dijo...

Una delicia, y ese final me desobordó....Abrazos caro!

Vera Eikon dijo...

ja, quería decir desbordó!

Leo Mercado dijo...

Gracias Mariela.
Besos.

Leo Mercado dijo...

No desove, Hermidalonga...
Jajajajaja.
Abrazos.

Darío dijo...

Maravilla.

Leo Mercado dijo...

Gracias Darío.

el maquinista ciego dijo...


Me voy a dormir buenhumorada gracias a esas íes esparcidas por el suelo. Un magnífico desorden el de su casa, y que vivan los cuentos sin desenlace!

(y tú haz caso, Vero, no desoves que no es temporada, jajaja)

Bicos!

Leo Mercado dijo...

Jajajajajajajaja. A veces las palabras desordenadas son una buena excusa.
Un abrazo, maquinista.