jueves, 8 de agosto de 2013

Temer



El miedo a sentir que me van quitando cosas, que me voy quedando solo. Que se llevan al niño. Que me dejan un agujero (un espanto) en mi omóplato. Una herida propinada adrede ahí, donde mi lengua no alcanza a lamer.
Qué me importa la tragedia de Sófocles. Qué, que los fideos se peguen, se caguen a golpes en la olla, y tengan el tiempo suficiente para amigarse, y volverse a pegar, acaso esta vez por amor. Qué me importa que los pintores te pinten hasta el rutilante deseo de detener el tiempo de relojes y engranajes que separan lo sutil de lo ajeno.
Temo.
Temo.
Temo.
Que verbo de mierda, que acción de mierda. Temer, temer, temer…
Uno vive temiendo, aún sabiendo que el vértigo se supera cuando se es consciente del tamaño, de la distancia. Cuando se para al borde del abismo, dispuesto a saltar, y lo que ve debajo de sus pies no es gente andando, agolpada, autos diminutos moviéndose. Y sí hormigas en un castillo de arena, de cartón. Y cierra los ojos y siente el viento acariciando alguna posible valentía.
Pero no.
Y al mirar. Y al mirar viendo. Uno ve. Verdaderamente ve. Entonces sucede el milagro (ese mismo milagro que los taxones dilucidaron en la mesada de un laboratorio hace tiempo, y que unieron a un hombre con otro hombre en un debate feroz en el que uno hablaba/vociferaba/gritaba/blasfemaba, y el otro, en su mutismo, segmentaba la espina, ocultaba un secreto mal guardado).
El mundo es hermoso.
La vida es hermosa.
La gente es hermosa.

Y el río fluye y engulle esta ira que me abarca, que ya no; y el cielo en su azul devora estas ansias que me ahogan, que ya no; y la montaña en la que alzo mi hogar (no importa cómo), restituye aquella excusa predilecta, la tos del tabaco humeante, todos los pájaros que te anidan el pelo, muchacha, y la tenacidad con la que construimos un mundo en el que por fin cabemos todos.


8 comentarios:

Darío dijo...

Qué bien le va la prosa, Señor Poeta, y la desnudez de la fragilidad, tan propiamente nuestra. Un abrazo.

Leo Mercado dijo...

Muchas gracias Darío.
Abrazos.

Vera Eikon dijo...

Secundo a Darío. Se le da muy bien la prosa. Dejo aquí mi queja por lo poco que las prodigan....Abrazo.

← Nicolás . dijo...

Un verdadero gusto leerte.

LIdia Fernandez dijo...

Sentí, mas que el miedo, la ira envolviéndome, sin poder lamerme (ni el omóplato ni ninguna otra cosa-parte), y luego, ese refrescante nuevo asombro, esa liberación de caber todos.
Muy lindo Lea, me emocionó (sabés lo difícil que es a esta altura de la piedra)

Leo Mercado dijo...

Pues muchísimas gracias, estimada Hermidalonga.
Vamos a procurar prodigarlas más... Jajaja.
Abrazos.

Leo Mercado dijo...

Gracias Nicolás.
Seguí haciéndolo.
Abrazos.

Leo Mercado dijo...

Lidia: Acaso la ira es la otra cara del miedo... Sí, creo que al escribirlo, en realidad quería manifestar ira. Ir y volver. Mil veces.
Besos.