martes, 6 de agosto de 2013

Taxonomía*



Parece más fácil de lo que es. Pero no. Y uno cree que pasar la escoba por el piso mugroso redime o excusa la anatomía de una geografía cuanto menos extraña. Pero tampoco. Y llueve. La lluvia ha sido hecha para atormentar mi encierro. Por destino ordeno, clasifico, enumero. Este osario dispuesto de manera azarosa sobre la mesa de mi laboratorio carece de lógica precisa o rigor científico. Podría entonces tirarlo a la mierda sin mayor culpa académica. Pero menos.
Entonces sucede el milagro.
Hay doscientos dos huesos sobre el plano. Pero sólo el cúbito marca la señal, y el radio la sentencia. Me arrastro así por carpos y metacarpos artrósicos, deformados. Las noticias indican empuñadura diestra y defensa siniestra. Y en el cráneo despabilo la traición, que en el tiempo de larga duración tal vez no era tal.
Guerrero, soldado, sicario. Las marcas en su cuerpo no indican que dio, pero sí que recibió, y que sobrevivió para contarlo. O al menos hasta que el proyectil de obsidiana, clavado en su occipital (que con precisión quirúrgica conseguí extraerle cuando lo desterré de su sueño eterno) le dio muerte.
Esta noche, él, de aproximadamente cincuenta años de edad y yo, de casi treinta, nos debatimos en ferocidades sin sentido. Hay cinco mil años de historia entre nosotros. Yo le miro las cuencas vacías de los ojos. Él, me oculta un pasado indiscernible.
Parece más fácil de lo que es. Pero no. Mierda. Mierda. ¿Y vos hablás de volver al mar? No sé, che.

Y el café, claro, el café. Ese que recuerda que comparto mi vida con muertos a los que intento sacarles verdades. Que tengo que barrer el piso y putear, por costumbre, para que un pasado ajeno pase a formar parte de la bolsa de basura que voy a tirar en un contenedor en la esquina, después de sacarme los guantes, ponerme la campera, decir chau hasta mañana, prender mi pipa y renegar por las dudas, porque la lluvia (claro, la lluvia, la que había olvidado) y yo sin paraguas. Con la certeza absoluta de que aquel con el que tomaré café mañana, nuevamente, será el muerto por la espalda, el traicionado, el asesinado, y no el maestro, ese que, acaso ciertamente, volvió al mar, buscando quizá anclar en las Canarias. 


*Archiremilrecontrareeditado.





14 comentarios:

Mariela Laudecina dijo...

Valió la pena la recontraarchiredición. Me quedé con ganas de más. Una vez más, ponete las pilas y hacé un libro de cuentos. abrazo.

Leo Mercado dijo...

Gracias Mariela. Jajajaja. Bueno, voy por el tercero. El primero te lo regalé (y no sé si lo leíste), el segundo ya está listo sale en breve y el tercero a fin de año.

Vera Eikon dijo...

A ti te hablan los huesos...¿alguna vez te cantan?. Yo no tengo su libro de cuentos....Desde aquí se lo reclamo. Abrazo, Mercado.

Leo Mercado dijo...

Si los huesos cantaran, y si, sobre todo, cantaran la posta, yo sería un arqueólogo muy afamado, jajajajaja.
Le guardamos un ejemplar de "Hacer el cuento. Microcrónicas", entonces.
Abrazo.

Darío dijo...

Maravilla de lenguaje, Mercado. Un abrazo.

Leo Mercado dijo...

Gracias, Darío.
Un abrazo.

María Sotomayor dijo...

Yo siempre me voy de aquí con la sensación de pisar cristales,

Beso Leo.

Leo Mercado dijo...

Gracias por el halago, María. Tus comentarios son siempre motivadores.
Besos.

Mariela Laudecina dijo...

Claro que lo leí! Me gustaron mucho tus cuentos y los de Caro. un abrazo.

Leo Mercado dijo...

Jajajajaja.
Gracias, amiga.
Besos.

Muchacha con sombrero dijo...

qué bueno está! te felicito!

Leo Mercado dijo...

Muchas gracias.

LIdia Fernandez dijo...

recontraarchiremilalabado

Leo Mercado dijo...

Recontraarchiremilgracias.