miércoles, 29 de mayo de 2013

VEINTE (y uno, uno más)


me asomo
a la canción
desmenuzada de claves

 
a la copa maltrecha
del árbol
donde pende un verso que arrebato

 
a la mancha de humedad
que nos ensambló las bocas
sin olvidos que induzcan
filos de puñal

 
[Aquí el poema se pausa a sí mismo, pausándome. La vista se retuerce sutilmente. Y me lleva al ángulo sudeste de esta habitación, donde la mancha de humedad que ayer era un abrazo tendido, hoy es una nube que supone viajes, besos, risas.
Sacudo mi cabeza: vuelvo (vuelve el poema).]

 
entonces te miro
y el amor del mundo
cabe
en este espacio

8 comentarios:

Darío dijo...

Ciertos poemas revientan de amor...

Leo Mercado dijo...

Nunca pude controlar los excesos, Darío.
Abrazo grande.

Mariela Laudecina dijo...

Lo que pasa es que mi amigo es intenso Darío y además está enamorado. Lindos versos. El final me mató. abrazo.

Jorge Ampuero dijo...

Vale la explicación para un poema tan intimista como este.

Saludos.

Leo Mercado dijo...

Jajajajaja. Gracias Marielucha.
Besos.

PD: Quiero tu libro.

Leo Mercado dijo...

Jorge.
Un fuerte abrazo.

LIdia Fernandez dijo...

Qué bueno,la pausa, el mirar retorcido que luego vuelve al orden del amor, a su espacio.

Leo Mercado dijo...

El amor, acaso por definición, es una pausa (de algo). No te parece?
Gracias, Lidia (perdida vaya uno a saber por dónde...).
Besos.