domingo, 3 de febrero de 2013

16

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mi simiente cruje
en la inmensidad
de la espesura


en esta empinada cuesta
en la que insisto
en estar solo               


aquí trazo mis descuidos
lo que atraviesa mi centro
aquello que no consigo asir

dirimo saldos
con inmensos fantasmas
y me dispongo al regreso
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6 comentarios:

Jorge Curinao dijo...

Feliz año, Leo querido! Te abrazo en la distancia.

Vera Eikon dijo...

Trazas lo que no consigues asir, y eso ya es mucho. En realidad nada puede ser asido, todo-comenzando por nosotros mismos-lleva el sino de la impermanencia. Este poema tiene la cadencia del vaho que se proyecta en el cristal(¿te das cuenta cómo de niños nos gustaba jugar a eso, sobre todo cuando íbamos en auto?). Quizás todo poema se escribe en una ventana..Abrazo, Leo..

Leo Mercado dijo...

Igualmente Jorge!!!!!!
Espero que andes bien por allá.
Te envío un fuerte abrazo, mi amigo.

Leo Mercado dijo...

Alguna vez dije que uno escribe, justamente para poseer aquello que no consigue asir: en el poema se puede besar sin boca, tocar sin manos e inventar un mundo a la medida de nuestras necesidades, incluso aunque nuestras posibilidades no lo permitan.
Quizás estés en lo cierto cuando decís que todo poema se escribe sobre una ventana (sobre una ventana empañada, sí). Acaso esa impermanencia a la que referís vos sea su condición permanente (valga aquí el oxímoron).
Besos, Vera.

Miguel Buján dijo...

"mi simiente cruje
en la inmensidad
de la espesura"

Mercader...estos son los versos básicos (todo lo demás es el cuerpito del poema; pero aquí reside el ánima), lo único importante del poema, lo único que resulta gerárquico y balsámico.

Me duele el culo de alabarte los versículos, por eso en esta ocasión me dejaré de lanzar sombreros hacia el aire. Guardar silencio es mi más sincera abdicación.


Un saludo.

P.d.: Soy de general pastor de bosques (así me gano malamente la vida) y enamorado de la botánica. Los gallegos, además, tenemos fama de ver crecer la hierba. La soledad de tu simiente. Ahí reside entonces mi admiración por tus colosales, inmensos versos.

Leo Mercado dijo...

Sin querer, Miguel, el poema tuvo un alma.
Gracias.
Abrazos.