jueves, 24 de enero de 2013

6

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cuando tenga boca
temblante
latiente
 

cuando beba tactos
rumiantes
ásperos
 

cuando tenga una luna para mí
entonces
sólo entonces
 

sabré tu oficio
tejedora feroz
de dientes sin hambre
y sombras sin nombre
.
.
.

12 comentarios:

Vera Eikon dijo...

Esto es encantador. Abrazo, Leo..

María Sotomayor dijo...

Todas las lunas Leo.

Besos.

ana dijo...

Entonces nunca lo sabrás, porque la luna no se alcanza, sólo se mira para contemplar su belleza y podamos rumiar tactos suaves de madrugada.

Besicos.

taty dijo...

Me encanta el final.

Saludos.

Leo Mercado dijo...

Muchas gracias, Vera.
Besos.

Leo Mercado dijo...

Absolutamente todas, María.
Gracias.
Besos.

Leo Mercado dijo...

ana: el tacto no es condición sine qua non de posesión. Si yo puedo ver la luna, la estoy alcanzando con la vista. Ergo: es mía.
Gracias por la visita, lectura y comentario.
Besos.

Leo Mercado dijo...

Y a mí me encanta que te encante, taty.
Besos.

Miguel Buján dijo...

Chicas...permitan al gallego que se inmiscuya en el personal harem del mercader...y diga:

-Lo verifico. Leer los versos del tipo es un acto encantador, como cuando uno se sube al árbol con la intención de orinarle a los demás en la cabeza y se decide, finalmente, por sentarse en una rama de las más altas del arbolito a ver pasar el mundo.

¿Sí?


Mis aplausos (y mis toses), mercader.

Leo Mercado dijo...

Jajajajaja. Me encantan tus apreciaciones, Miguel. Sos muy generoso conmigo.
Un fuerte abrazo, amigo querido.

Beto Monte Ros dijo...

En un éxtasis de amor no solo se alcanza la luna sino todo el universo. Leo, que bueno que he encontrado tu blog. Saludos.

Leo Mercado dijo...

Beto! Para mí es buenísimo saberte por aquí también.
Un fuerte abrazo, compañero cofrade.