sábado, 15 de diciembre de 2012

Si yo regara las plantas, como se riegan las plantas, o como al menos ellas merecen ser regadas, yo entendería que no hago sino aprontar el ejercicio alado del pájaro que se posa en la rama maltrecha del árbol que en este mismísimo instante estoy mirando. La rama. El pájaro. El oxígeno que la planta, generosa, nos concede al pájaro y a mí. Al pájaro que ya no está en la rama; y a mí que ya no estoy; que ya he dejado a las plantas a su suerte; que ya no tengo oxígeno posible; que me voy, siguiento al pájaro; que ya no necesito nada.

8 comentarios:

Mariela Laudecina dijo...

Muy bello. Tiene aires de "zen". abrazo.

Luna dijo...

Mercado, una joya auténtica Mercado.

Saludos, Leíto.

Amando García Nuño dijo...

Me falta el oxígeno, estoy seco y agostado, no levanto el vuelo. Me he quedado impactado. Un abrazo.

Susan Urich dijo...

También eres el pájaro y el oxígeno y la planta...

Darío dijo...

Una delicadeza de su parte, poeta.

Anónimo dijo...

¡¡¡Me encantó!1
Un exquisito relato con un toque de humor, ironía, y narrativa lúdica que provoca ese ejercicio delicioso de poner al lector a pensar... ( yo creo que deberías escribir microrrelatos)

Caro

Vera Eikon dijo...

Ser ese gesto natura....Quizás ya lo eres cuando persigues al pájaro. Aunque a mí lo que me admira es la generosidad de la planta...Bello..Beso

Leo Mercado dijo...

Gracias a todos por la visita, la lectura y las palabras.
Besos y a abrazos.

PD: Caro, "david y goliat", jajaja.