lunes, 8 de octubre de 2012

17

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mi irreverente soledad
no perdona pormenores

 
me vuelve antropófago

 
y me sienta a la mesa
cuchillo en mano

para que me devore

de las afueras al centro
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11 comentarios:

Vera Eikon dijo...

Devoradora soledad que no deja del corazón ni las espinas....Me gustó mucho esa idea de la antropofagia. Beso

Mariela Laudecina dijo...

Una mujer que necesita respuestas, es capaz de engullirse a si misma.

del libro "Ciruelas" 2007. M.L.

Noelia Palma dijo...

apenas terminé de leer me sujeté la cara, casi por instinto... supongo que para que no se me salgan todas las ausencias a perderse por ahí, o a lo mejor, para protegerme de tu poema.

te quiero Leonardo.
me diste en el centro

Salomé dijo...

Digestión de corazones solitarios.

Muás.

Leo Mercado dijo...

Es curioso, Vera, la capacidad que tenemos para devorarnos. Incluso es sorprendente si lo pensamos detenidamente.
Besos.

Leo Mercado dijo...

Yo digo que la indefectible soledad tiene el mismo camino, Marielucha, de ida y de vuelta.

Leo Mercado dijo...

Hermoso comentario, Noe.
Gracias particulares hoy, por eso.
Besos, amiga querida.

Luna dijo...

Saciando ese apetito particular...

Saludotes, Leíto.

Leo Mercado dijo...

Y si.....
Besotes, Lunita.

Elena Lechuga dijo...

por éso tiré los cuchillos lo más lejos posible.
ya sólo me quedan cucharas, pero qué afiladas están...

Leo Mercado dijo...

Entonces te haría falta una nube, rulienta....