jueves, 20 de septiembre de 2012

Canción desesperada


Algún día tendrá que acabarse este tomar mates solo, este dormir la siesta sin un calorcito animado al cual acurrucarme; tendrá que acabarse la fatiga de los viernes por la noche, en calzones y medias, barbudo, despeinado, homínido involucionado; la dureza de pensarte hasta el hartazgo en el helado de chocolate granizado, lengua solitaria de la tarde del sábado; el incompartido asombro ante el descubrimiento de un cuento de Denevi, leído en voz alta, exclusivamente a mí mismo, acaso frente al espejo o la pared de ladrillos informes; se acabarán, espero, algún día, las disputas con nadie por el almuerzo del domingo, ravioles pegoteados con salsa salada, carne al horno incinerada. Algún día tendrá que acabarse el pochoclero ejercicio cinematográfico en una sala vacía, con una película mediocre o menos, y el consecuente malestar estomacal (nunca se acabarán los baldes enormes de pochoclos); alguna vez, no seré yo el que mime mis propias enfermedades, pañuelo en la frente, termómetro en mano. Algún día, Carolina, tendrás que venir.

11 comentarios:

Luna dijo...

Si, Carolina. Que sea pronto.

Luna dijo...

O este muchacho se nos indigesta...

Noelia Palma dijo...

Carolina es nombre de poema. Por eso la pronunciás. Y por eso te habita.

Andé Le Gal dijo...

Qué bueno encontrar un lector de Marco Denevi

Mariela Laudecina dijo...

Si, ya dejensé de joder los dos y aceleren el trámite.
abrazo.

EMMAGUNST dijo...

y yo espero a mi Juan Carlos

Jorge Curinao dijo...

Feliz primavera, querido Leo! Un abrazo grande, amigo.

Analía Pinto dijo...

¡Genio! Feliz primavera desde La Plata, besossssssssss!

Leo Mercado dijo...

Gracias a todos por la lectura, los comentarios y los augurios.
Abrazos.

Anónimo dijo...

¿Que tal si venís vos? Dado que todavía no te enterás que ya estás acá, porque yo hace rato que te traje conmigo.

Caro

Leo Mercado dijo...

Apa!
Bueno, acomodame un lugarcito que voy.