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7
la noche cíclope
me observa la espalda
con su sagaz predilección
lame mi entraña
sí
podría navegarte en mis venas
si quisiera
20
Para Aña, el niño que alguna vez, en la selva guaraní,
me confesó que era un árbol. Él tenía cinco años de edad,
yo algo más de veinte; en ese momento no supe o no pude entenderlo.
entonces
harto de los quehaceres
de la sombra
de rebosar
en la propiciación acuática
nazco
y me nombro
con un vernáculo silencio
acorde a mi piel oscura
a mi lóbrego pelo
y mis pies enraízan
y mis manos enraman
y me sonrío entonces
como parte del viento
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13 comentarios:
y me sonrío entonces
como parte del viento
a vos te parece?
empezá a escribir mal, por favor, que un día de estos voy a morir de tanto viento norte
=)
Esto es fantástico. Y, con esa dedicatoria, conmovedor.
Noe: en el cotidiano ejercicio de la razón, suscribo siempre a este intento que es derrape, nomás.
Besos.
Muchas gracias Lucas, a mí también me conmueve pensar en el presente de ese niño.
Maravillosa escritura Leo... también me siento a veces "como parte del viento"
un placer leerte siempre
Gracias, Ana.
Besos.
Cala profundo como las raíces en la tierra.
El tamaño justo quizás se llame Todo, versos esenciales.
Un abrazo.
Gracias, Jove.
Abrazos.
Muchisimas gracias, Juan.
Gran abrazo.
dos poemas con dos temas tan opuestos a primera vista y tan iguales cuando uno lee en profundidad
de una manera u otra tus palabras llegan justo donde pretenden
mi abrazo
Un segundo para teñir de gris el blanco, un segundo para iluminar un cuarto.
Un segundo para hartarse, renacer, renombrarse y el mundo sera otro en un segundo en el que entendemos todo.
Bellisimos los dos poemas.
Abrazo!
Te camuflas de brisa tierna (por aquello de viento) pero eres un huracán soplando pasiones.
La sencillez de tus poemas, en esta entrada, mantiene desarmado a este pistolero del viejo oeste.
No se si te han dicho, pero esto es poesía ¿O lo sabías?
Saludos.
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