miércoles, 29 de septiembre de 2010

Íes

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Íes van, íes vienen. Se le fugan como el pez (el que alguna vez tuvo entre sus labios) que se retuerce y ríe ante el pescador novato de anzuelo de alambre. Y el más se le ausenta por un instante (que para ella es la suma de todos los tiempos). Yo le digo que no, que la gracia, que desde aquel primitivo Adán, muerto de frío y miedo ante una Eva voluptuosa y vulnerable, hasta yo, o mí, cabe mucho. Bueno, eso. Ese todo. Y las íes, nuevamente por el piso, entre los poemas sueltos (los de versos saltarines), los cuentos sin desenlace, la yerba de naranja usada del mate; y en la mesa, en el escritorio, en las caries de mis pies, en las facies del ciempiés; en el zodiacal destino ariano. Íes de todos los colores, perdidas, extraviadas. Sin sus manos. Sin la caricia fiel. Perdidas. Perdidas. Como la ira que vacila acechante este recinto, sin saber qué carajo hacer conmigo, con lo que le toca en suerte; dejándome sabor a nada, por el simple hecho de no haber tenido, de niño, ningún sueño que soñar.

Pormayores (3,16)

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llena de luz
se debate en pormenores
..........................igualmente rutilantes

dice
habla
gesticula

sonríe
hace el mundo
me mira

..........................y sé que ya
..........................no me falta nada