martes, 23 de marzo de 2010

5

no ha de ser tan terrible

soportar la cicuta
uniforme
.......................de la noche
sobre el azabache
uniforme
.......................de mi pelo


Las luces comienzan a apagarse poco a poco. El vidrio de la calle Caseros prontamente se transforma en una persiana metálica. Pronto le seguirán los otros dos, que miran hacia el norte. Somos sólo dos los trasnochados: el último mozo y yo.

-No creo que venga- me dice.
-No, no creo- digo yo, y ahogo el humo de mi pequeña caldera portátil.

Acomodo los pocos trastos que cargo conmigo, que son los mismos de siempre: la lapicera 0.7 de tinta (la de mejor trazo, mejor incluso que la 0.5), el cuaderno de tapas rojas (mi gran tesoro), mis ansias, mis motivos y el tabaco. Me ensarto de un saque el últmo resto de café, ya frío (creo que era el de la taza número cinco) y salgo. Afuera pareciera llover, pero sin mojar, y comienza a latirme en la comisura de los ojos la venida del otoño.

Camino por la recova que desemboca en la plaza de palmeras oscilantes, atravesando cajas, bolsas, cuerpos paupérrimos. Al llegar, elijo un banco cualquiera; la lluvia que antes no mojaba, ahora sí, pero no me molesta ya.



y como si de contabilizar estrellas
se tratara
o peinarle las fauces al destino

miro uniformemente
como las gotas se posan
sobre los vidrios que me traen el mundo
para que ya no esté
....................................tan solo
....................................tan sin nadie
.
.
(De "Poemas de más acá", 2010).

3 comentarios:

Leo Mercado dijo...

Es que está tan solo, que lo comento yo. Que buen poema!!!!! JAJAJAJAJAJAJAAJJA
Leo Mercado

Anónimo dijo...

Linda postal de una nostalgia, esas que son comunes encontrar en cualquier ser, que anda por ahí arrastrando un otoño.
Bellas letras.
Un beso. Diana

Leo Mercado dijo...

"Arrastrar el otoño". Me quedo con esa noción. Sobre todo por que acabo de descubrir que es lo que hago entre marzo y julio.
Gracias.
Beso.