sábado, 30 de mayo de 2009

5 (señales)


lo que el viento arrastra
con las hojas superfluas
con las iras partidas
con la gota que se mece en tu pómulo

lo que nunca seremos
lo que no dirás
lo que nunca escucharás

todo
el mar
la nada
todo

está aquí
guardado
en mi puño

y yo no sé si vale la pena
si aún ahora hoy ya
vale la pena

[lo que el viento arrastra
con las hojas superfluas…]


(De "El mar de un sorbo", 2009)
4

sin mi enorme barba
bajo el agua

sin las hormigas tercas
andándome en la espalda

sin el humo inquieto
dibujándome el rostro

así
superfluo

elevo mi vista
en una ciudad ausente
que no cabe en sí misma

y a mí me late todo el cuerpo


...........................Entresábanas, Madrid, mayo de 2009.


(De "El mar de un sorbo", 2009)

domingo, 24 de mayo de 2009

7



hediendo
a tabaco
ardido

al fragor inmundo
de mis vísceras descarnadas

respiro áridamente

sabiendo que pronto
tu cuerpo fútil
sufrirá la cacería

que pronto
te desharé la boca

para que seas

nada


(De "El mar de un sorbo", 2009)

miércoles, 13 de mayo de 2009

DOS CAFÉS


Nos reconocimos en la manera de tomar el café, no caben dudas.

Yo aún conservo la manía de doblar prolijamente sobre sí mismo, cada uno de los sobres de azúcar que desenfundo en mi pocillo. Y a vos te sigue temblando el pulso, como si temieras la tremenda oscuridad del brebaje, mientras construís una montaña de hidrato de carbono en la pequeña taza.

Hacía muchos años que el olvido había velado tamaña ceremonia. La memoria no devolvía semejantes artilugios desde aquellos tiempos en que compartíamos dos o tres cafés diarios, en mi ciudad.

Te miré, vos te entretenías con papeles sueltos, como si corrigieras errores ajenos con una enorme lapicera verde. No lo notaste en ese momento. Sólo después lo advertiste, cuando, como es mi costumbre, tire el vaso de soda sobre mi mesa y mis obligaciones, generando un tremendo estruendo, acompañado, por supuesto, de una serie de improperios de entredientes. Entonces me miraste con ojos cómplices, y, sé, contuviste una carcajada.

No pude soportarlo más: pagué y recogí mis cosas, rápidamente. Era tu ciudad, y yo era un intruso. Ambos lo pensamos, seguramente. Una mutua sonrisa tenue, al salir, confirmó nuestras sospechas.
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(De "Poco pueblo demasiado", 2009)

LA NIÑA PEZ


.............................A la niña pez, que se le revuelven las tripas…

La curandera le diagnosticó empacho, como casi todo el mundo había previsto. Ella rió, como cuando él le sugirió la posibilidad de que la india intentara curarla.


Un cuero de yarará bastó para el diagnóstico. La cura, sin embargo, requeriría de algunos ungüentos y oraciones indudablemente cristianas, aunque proferidas en lengua wichi; dejando ver, por lo demás, el claro sincretismo existente en toda la América española.

El proceso de sanación es, por lo general, breve para el paciente (casi fugaz podríamos decir, dado que éste sólo brinda su nombre completo y da alguna característica física, como un lunar en la pierna, por ejemplo) y prolongado para quien realiza la cura.

Los brebajes se suspenden a la intemperie durante seis serenos y seis noches de luna, indefectiblemente. Y queda terminantemente prohibido nombrar, durante ese lapso de tiempo, a la persona a sanar. Pasados los seis días y las seis noches se escribe, con oxido de cobre, el nombre de la persona en una hoja de mango o guayaba, a la que se unta con toda la serie de ungüentos macerados ya, y por último esta hoja es introducida en el estómago de un tatú-carreta. Posteriormente, la panza del animal es cosida con hilo de chaguar. Solamente la costura con este tipo de hilo puede brindar un final exitoso a la sanación.

Ella no pudo creerlo, aunque los dolores habían cesado ya. Tampoco lo hizo cuando, entre riendo y desconfiando, había aceptado la sugerencia de su amigo.

Tampoco creerá cuando, dos meses más tarde, y como consecuencia de los daños colaterales de la sanación, que, por cierto, habían sido aclarados desde el principio, comiencen a crecerle escamas en la piel.

Entonces irá, seguramente, al dermatólogo; y éste recetará, seguramente, tratamientos y pomadas. Pero ya habrá sido tarde.
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(De "Poco pueblo demasiado", 2009)