miércoles, 13 de mayo de 2009

LA NIÑA PEZ


.............................A la niña pez, que se le revuelven las tripas…

La curandera le diagnosticó empacho, como casi todo el mundo había previsto. Ella rió, como cuando él le sugirió la posibilidad de que la india intentara curarla.


Un cuero de yarará bastó para el diagnóstico. La cura, sin embargo, requeriría de algunos ungüentos y oraciones indudablemente cristianas, aunque proferidas en lengua wichi; dejando ver, por lo demás, el claro sincretismo existente en toda la América española.

El proceso de sanación es, por lo general, breve para el paciente (casi fugaz podríamos decir, dado que éste sólo brinda su nombre completo y da alguna característica física, como un lunar en la pierna, por ejemplo) y prolongado para quien realiza la cura.

Los brebajes se suspenden a la intemperie durante seis serenos y seis noches de luna, indefectiblemente. Y queda terminantemente prohibido nombrar, durante ese lapso de tiempo, a la persona a sanar. Pasados los seis días y las seis noches se escribe, con oxido de cobre, el nombre de la persona en una hoja de mango o guayaba, a la que se unta con toda la serie de ungüentos macerados ya, y por último esta hoja es introducida en el estómago de un tatú-carreta. Posteriormente, la panza del animal es cosida con hilo de chaguar. Solamente la costura con este tipo de hilo puede brindar un final exitoso a la sanación.

Ella no pudo creerlo, aunque los dolores habían cesado ya. Tampoco lo hizo cuando, entre riendo y desconfiando, había aceptado la sugerencia de su amigo.

Tampoco creerá cuando, dos meses más tarde, y como consecuencia de los daños colaterales de la sanación, que, por cierto, habían sido aclarados desde el principio, comiencen a crecerle escamas en la piel.

Entonces irá, seguramente, al dermatólogo; y éste recetará, seguramente, tratamientos y pomadas. Pero ya habrá sido tarde.
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(De "Poco pueblo demasiado", 2009)

2 comentarios:

Redacción dijo...

Me imagino que como antropólogo, esto debe llamar poderosamente tu atención. La mística le gana a la ciencia, aunque esta última no lo acepte. ES que cuesta, es demasiado para el cerebro humano.. por las dudas, Doña Juana nos cura el empacho.

Redacción dijo...

Me imagino que como antropólogo, esto debe llamar poderosamente tu atención. La mística le gana a la ciencia, aunque esta última no lo acepte. ES que cuesta, es demasiado para el cerebro humano.. por las dudas, Doña Juana nos cura el empacho.