martes, 28 de octubre de 2008

EPÍLOGO (Clase introductoria a la filosofía de lo absurdo, posiblemente prescindible)

Para "la inventora del arte", que ataca, como siempre, por la retaguardia y, como siempre, con caballería de cartón y escudería de humo... ...con todo respeto.

ADVERTENCIA:
Escrito en un papel, posiblemente una servilleta; en un bar de una ciudad que no es mía, posiblemente París; con una lapicera que desconozco, posiblemente robada…


Digamos que hablar de absolutos es tarea sencilla: el mundo está lleno de ellos. Basta solamente abrir bien los ojos y mirar con atención, y el cielo, por ejemplo, estará arriba de nuestra cabeza, azul, más azul; la tierra, por su parte, será esa superficie rugosa siempre finita donde nuestros pies estarán anclados, indefectiblemente, producto de la también siempre misteriosa gravitación. Y desde ese encalle podremos mirar, por ejemplo, la metáfora del tiempo (acaso paradigma absoluto) en nuestra muñeca, ese engranaje de minuciosidades inentendibles.

Quiero decir, hablemos de cosas serias. De las cosas en serio.

- No creo, ciertamente, que pudieras entender aquello que sucede más allá de tus narices. Estamos sentados, los dos, en estas sillas, en esta mesa, en este bar. Ignoro cómo llegamos a compartir la borra del café; acaso eso no interesa ahora. Vos me mirás, anonadada, mientras yo hablo a mil voces, desaforado. (¿La gente se da vuelta a mirarme?). Estoy aquí, reclamándote lo que me corresponde, y vos parecés estar en las nubes, en la Torre Eiffel. Nos distancian sesenta centímetros, o mil continentes y varias vidas, está claro.

- No, te equivocás (¿otra vez?), no escribo ni al vicio ni por vicio, escribo porque es mi manera de ser en el mundo. Ya lo dije en algún lugar: vos vas a ver sólo palabras, creerás siempre que sólo se trata de palabras.

Mientras tanto, llueve. La lluvia ha sido hecha, no caben dudas, para atormentar mis encierros, y no para otra cosa. Yo miro insistentemente un cuadro en la pared, que me parece muy familiar: es un hombre suspendido en un gran salto al vacío (otro absoluto), tratando de asir una estrella (un imposible). Indudablemente es mucho más sencillo mirar el cuadro que tu boca muda.

- Sí, yerro; soy imperfecto, insoportable, amargo, sarcástico y soberbio; bajo, oscuro, con pecas, pelo de noche y uñas comidas; tengo vicios, soy irresponsable, jamás termino lo que empiezo y, sobre todo, nunca olvido. Ergo: soy humanamente humano.

La oscuridad comienza a avecinarse, y la lluvia no cesa en su aventura. No tengo un paraguas, una campera, algo que me proteja. En algún momento habré de salir de este lugar…

- Quisiera que volviéramos sobre los absolutos, es un tema que no pretendo dejar que se opaque bajo la poca nítida lumbre de lo que sos, soy, y/o es la circunstancial casualidad de lugar.

- Digo, recuperemos la capacidad de asombro ante la realidad que nos rodea. Sí, es cierto, si somos sinceros, tendríamos que sabernos, necesariamente, finitos, contingentes. No bastamos con nosotros mismos para explicar el mundo, necesitamos alguna certeza que nos permita poder confrontarnos con aquello infinito, incierto. Aquí es, pues donde comenzaríamos a hablar de sentidos absolutos (pero sólo comenzaríamos, dado que yo me caracterizo por no terminar nada).

- Sí, también, es cierto: cualquiera podría decir (de hecho la tradición filosófica occidental lo hace) que la idea de absoluto remite a aquello que es por sí mismo, por independiente o incondicionado. Yo no sé si el absoluto es trascendente o inmanente; sé, sencillamente, que ahora no quiero hablar más sobre el tema. Te recomendaría entonces volver (si es que alguna vez fuiste…) sobre Schelling, Hegel y Espinoza, o, si te parece mejor y menos fatigoso, siempre podrá salvarte el gran Jorge Luis; en tal caso, estará disponible en alguno de tus anaqueles “La escritura de Dios”, un cuento que a veces entiendo y a veces no.

(Aquí bebo un sorbo enorme de café y te observo. Vos no decís palabra alguna, y me mirás, pero no sé si seguís aquí o en la Torre Eiffel)

- El resto, sería terreno de la metafísica, y si nunca pude siquiera con la física lisa y llana…

- Si soy empirista ingenuo, la evidencia material lo confirmará o refutará. Creo en la fatalidad del que lleva la palabra como estandarte, por no poder desprenderse un segundo de ella, por pensar el mundo entero en adjetivos, verbos y sustantivos (estoy diciendo que el cielo, otra vez, no es lo que a veces es azul y a veces negro, sino que es el telón que cubre mis quimeras, que a veces sí es sombra perforada o afilado puñal).

Entonces doy un pequeño golpe sobre la mesa, con mi puño cerrado, me bebo lo que queda de mi café y diviso la orfandad del pocillo, insoportablemente blanco, impoluto. Lo que viene después es la ya clásica escena de una típica novela de televisión: vos hacés como que no te importa (aunque ambos sabemos cómo te hierve la sangre), yo hago como que no me interesa.

Me pongo de pie escuetamente…

- Ya ves, soy un caballero, y a los hechos me remito: jamás necesitaría escudarme en sutiles provocaciones o en adjetivos prestados.

- Por cierto, no creo que quiera devolverte la lapicera, como vos seguramente no querrás devolverme la inconmensurabilidad del tiempo que me tomó escribirte estas líneas, antes de partir de París, digo.

Después, pago el precio del café, de que creas que, como siempre, sólo se trata de palabras, y de la irresponsabilidad de no haber traído paraguas.


POSDATA:
Seguramente, utilicé más de una servilleta, o posiblemente una computadora; quizá el bar no era tal y tampoco estaba en París, y posiblemente sólo había una copa de vino y mucho tabaco, en la soledad de mi ventana, en Vaqueros, donde el mundo, el único, infaliblemente ocurre.

(De "Lo otro, lo demás", 2008)

viernes, 24 de octubre de 2008

15

después tal vez lo olvide

ahora
bebo del cuenco
de tus dorsales
tus líquidos predilectos

suspendo
del límite alado

en la curva de tu espalda
mi flagelo postrer

crezco

a expensas del sudor
y el resto de tu piel
modelando mis pasiones

a sabiendas
que vos
también

después tal vez lo olvides


19

en el papel
descansan
las obligaciones

los postergados renglones
todo su eterno letargo

en mi piel el hambre
de otros ojos

una barba sin mensura
ni oscilaciones elocuentes



de poco sirve ahora lo tangible
apresado en la condescendiente forma

digamos que quisiera
ser parte de tu boca
absurdo
absurdamente



24

hoy
he gastado mucha noche

entrecortando silencios
con las sombras
que pueblan mis manías

aquí se verán palabras
signos ilegibles
acaso inentendibles

pero habrán noches de insomnio
cóleras del vino
inacabables tabacos
iras
mil pasiones
y este artefacto maltrecho
amenazando con detenerse de una vez

hoy
voy a morirme nuevamente entre sombras
aunque de palabras
parezca

que sólo se trata

(De "Lo otro, lo demás", 2008)