martes, 29 de enero de 2008

trío de cuerdas (odas prescindibles)

10

existes
en las fauces
que el mar afila
en la arena
a diario

resisto
desgarbado
desbarbado
en esta porción
de mundo

todos nosotros
suponemos
quiero decir pensamos

que lo que nos une
es ese subterfugio imaginado
a la distancia
es la insistencia desafiante
de la distancia


19

quise nacer
el serpenteante aroma
de caballos irrisorios

el olor
a tierra mojada
entrándome en los poros

quise nacer
los sonidos predilectos
de emplumadas aves

quise nacer
el verde
el azul

quise nacer
quise nacerme


35

por el filo
que le nace a mis ojos

por las manos
que les crecen a mis ansias

por la escueta contracción
de esa saliva desértica

que puebla de dientes feroces
la irregular boca
de esta noche agitada

en la que yo transito
instintivo
por el borde de tu ombligo

(De "Razones de la cólera", 2008)

miércoles, 23 de enero de 2008

...para tener razones.

2

lo que rasga
mis adentros
no es la lluvia desigual

ni la profundidad intraducible
del café posado a mi costado
enfurecidamente humeante

es acaso
ese espacio hueco
donde la mariposa mece
sus diminutas alas

ignorando tus dedos
tu pelo en la frente
el compendio de tus fuegos


5

a hueso pelado

mis manos raquíticas
hoy despellejados continentes

dependen de un instante

mi proceder empero
apea el temporal

así
oradan las falencias
supuestas apatías

y me voy quedando
sin razones
sin barbas
sin lo que me funde al aire


9

y aquí

el caos
como forma permanente del cambio
desdibujándome las ansias
la lacerada espalda

aquellos mis desperfectos todos

(De "Razones de la cólera", 2008)

jueves, 10 de enero de 2008

islas....

38

repongo al amanecer
aquellas cosas prestadas

los besos
el tabaco

las huellas
de otros pasos


39

llueve
y es el agua la que trabaja
mis huesos
con precisión de escuadras y compases

la anquilosada arquitectura
de cabos enclenques
y mañanas de limón

lo otro
errante desvarío
que compone versos malsanos
es la saliva de lo incierto

aquello que no forma parte
del goteo irreverente
de esta humedad desperfecta


40

no sospecho
tus designios

sostengo mi barba roja
negrísima
en la constante ignorancia
de la palabra exacta

entonces te amo
desde los gestos al llanto
todo el cuerpo todo

como un capitán obstinado
buscando tierra
en la bravura del mar


41

la distancia es

lo que tu cuerpo
dista
de mis
ansias


45

me ofusco

en la costumbre
de recorrerte íntegra

en el filo del papel
en la insistencia de mis verbos
en el sutil adjetivo

hasta el hartazgo
hasta saber tus risas en mi cuello
hasta que el aire de tu aliento
eriza mi nimia espalda

hasta que te veo
como siempre
repleta de mis palabras

(De "Desperfectos (cruda poesía mía)", 2007)

miércoles, 2 de enero de 2008

IRRUPCIONES (pequeños mundos)

Noticia de un suicidio
A Lili, detrás de la cordillera, cerca del mar…

El no sabía escribir. Entendía que ordenar palabras en el papel era sólo depositar signos ilegibles, indescifrables, pero no escribir. Entonces, cuando esto sucedía, cada poesía sin terminar, y mientras durara su corrección, era adherida a la pared, para no ser perdida de vista, para que lo inconcluso fuera tormenta que quite el sueño. Pero un día, las paredes colmadas de intentos pendientes (incluso la ventana misma había sido cegada en algún momento con textos que primero otorgaban un trasluz generoso y después nada; y hasta los cuadros del contrafuerte, la biblioteca y las fotos), habían reducido tanto el espacio que fue necesario utilizar la próxima superficie posible: el piso. Fue así que comenzó a distribuir los textos primero sobre las baldosas, luego sobre los muebles y después en los recovecos que estos otorgaban. Así, el nivel del suelo se elevó tanto que prácticamente se puso en contacto con el techo, y ya no hubo posibilidad. Él nunca supo escribir, y esa fue su forma de morir, sin agitaciones, sin libertad, analfabeto, con sus miles de poemas inconclusos, que nunca nadie leerá, clavándoseles en el cuerpo, oprimiendo su cuello, robándole el poco aire de ese, su pequeño despiadado mundo.


Décimo piso
A Paola F., que parece eterna en su oficina.

Miraba la ventana cada vez que pasaba a su par, con ese abrazo repleto de papeles y obligaciones. Cuando se sentaba en su escritorio ésta quedaba exactamente de frente. Diez pisos -pensaba mientras la observaba-, sólo eso, diez pisos; y abajo ese colchón de gente que amortiguaría cualquier eventual caída. Y los gritos de los jefes y los maltratos y el exceso de tareas y el sueldo que no alcanza. Son sólo diez pisos, y ese colchón de gente… Así transcurrían sus jornadas, con la ventana como protagonista.
El día que tuvo valor, y pudo juntar coraje para abrir la ventana y enfrentar esos diez pisos, ese día, habían decretado asueto administrativo y la ciudad era un desierto.


La historia del radio cuento

La voz venía de abajo de la cama. Sonaba, retumbaba; generaba la acústica perfecta en el silencio de las sombras de las que está hecha la noche. Se colaba por el elástico antes y el colchón después, para atravesar las sábanas, evadiendo la genuflexa ubicación del cuerpo, e irrumpir en los oídos. La historia del radio cuento relataba los pormenores de un hombre normal, con una vida normal, con una familia normal y un trabajo normal. Un hombre que cada noche, antes de acostarse, encendía su radio, que se encontraba debajo de la cama, sintonizaba el radio cuento y escuchaba la historia de un hombre normal con una vida normal, con una familia normal y un trabajo normal.


Destierros

Nunca entendí por que mi abuela se pasó la vida sentada bajo ese árbol que tenía hojas todo el año, y que otorgaba el beneficio de una sombra perfecta. Años me costó comprender que la semilla de la que creció ese hermoso sereno, había sido el único bien que ella consiguió traer desde su patria, apretujada en su pequeño puño, atravesando ese océano inconmensurable. Y que al plantarlo, él se ató a la tierra, y ella a su sombra; y que ya nunca jamás pudieron desprenderse.

(De “Desperfectos (cruda poesía mía)”, 2007)
31

no tengo historias que contar

a despropósito poseo
la certeza de los saurios
transitándome la espalda

como único relato


34

después de la última
de las lagrimas
destrozándose en el suelo

de que el fin del abrazo
nos deje un espacio hueco

de que el lamento inconmensurable
nos desangre las entrañas

yo te diré
aunque vos ya lo sepas

que partir
es un verbo difícil
de conjugar
de digerir


36


vuelo
en la cadencia del ave
en la inconmovible nube

mi tierra se vislumbra diminuta
bajo mis patas
bajo mi panza de algodón

el sol aquí no duele
brilla estoico
se trasluce en mi cuerpo henchido

sé que después
de abrir los ojos
vendrá la entraña

el chirrido de mis tuétanos
ardiendo en el humo de vainillas y azares
que se gesta
en la boca siempre abierta
de mi pipa

y que no seré nunca
nunca más
parte de ese viento norte
que acaricia
mi minúsculo universo

(De “Desperfectos (cruda poesía mía)”, 2007)