domingo, 2 de marzo de 2008

14

tus caderas ancladas
enredadas en mi cuerpo
tu pelo
irremediablemente dormido
el suspiro de las sábanas
la inquebrantable horizontalidad
de una cama soleada
de un cuerpo que no es mío
y que tampoco es tuyo

mis dedos enlazados
extasiados de tacto
mi pie
confusamente enajenado
las sombras inconclusas
el aire caliente que brota en las paredes
de algún intento perturbado
de una boca que no es mía
y que tampoco es tuya

esto somos
querida amiga
en la noche cíclope


15

la cintura de mi boca
astillándome las ganas

propicias al recato
y las buenas costumbres

el cuerpo
transformado en lo otro

habría que asumir
de una vez y para siempre
que hay sólo pocas cosas más fastuosas
que una mujer desnuda
recostada

y que la circunspección
y los benignos hábitos
son las excusas
insisto

de la cintura de mi boca
astillándome las ganas


17

los naufragios
que mi mar esconde
en sus oleajes

dormitan en mi enjuto hueco
apretujados
sudorosos

ellos son testimonio
de la exactitud del desprecio
que crece desde mis pies

a expensas de su enorme libertad
y de la sed de su vino inquebrantable
oliendo a muerte amargamente


El mar a veces

a Damián Lagos, escribiendo la patagonia toda...

El día se le entra, presuroso, apenas se abren las ventanas; y él sabe perfectamente que el de hoy, no es un día cualquiera. La luz se le distribuye por las baldosas del suelo, por la cama, por la piel; por los pocos libros apretujados en los estantes. Abre su cuaderno entonces, por última vez, su cuaderno de tapas duras, aunque desgastadas por tanto trajín, y hojas repletas de garabatos acaso indescifrables. Busca un espacio transitable por la tinta, dibuja una nube arriba, una ola abajo; y en el medio un barco, que pareciera comenzar a desplegar sus enormes velas blancas. Ya siente aroma a sal sobre su rostro, y observa, gozoso, cómo la breve brisa, implacable, comienza a embarazar las velas, a crecerles enormes barrigas.
Es tiempo, él lo sabe por fin, de levar anclas y de echarse a andar, hasta un nuevo puerto.



23

todos los pájaros anidan
los vericuetos de mi lengua

y en los pliegues de mi vientre
descansan rumiantes inmortales

los saurios por su parte
ondulan el raro aire de mi espina

soy yo
ha de ser así
quien no tenga un cuerpo
al cual entrar


30

descanso en tu abrazo inmenso
nos respiramos
los dos

y un sabor común
del todo de un cuerpo
nos duele en las partes

y si nos lamemos
nuestros contusos principios
enarbolan sus banderas

y así
sin mayores preludios
nos dejamos morir

para nacernos
en las risas
en tu pelo revuelto
en las sábanas mareadas


39

de vez en cuando muero
junto al tabaco
a aquellos que labran sus pesares

me pongo entonces
sus suplicios
los hago míos

y mis pies
llenos de barro
sufren las contingencias
de la cosecha

de aquello que viajará
miles de kilómetros
hasta volver a su origen
como los salmones
como el polvo

como el sol que quema mis manos
para volverme oscuro
y nacerme nuevamente

(De “Razones de la cólera”, 2008)