martes, 5 de febrero de 2008

20

que la noche me trague
de un solo sorbo
certero

que aguce mis temores
y me lleve consigo
en nubes que no son
en sombras que no están

ser perentoria ración


26

ella
desvestida de perfumes
de aromas confusos

trepándome las venas
reptando mis anclajes
hasta acechar mi centro

ella
sumida en mis costumbres
de malhumores y albures

escribiéndome el cuerpo
relatando sucedidos
para entender el hoy

señores
aquí no somos más que dos
aunque pareciera crepitar el mundo
en esta
nuestra pequeña morada


32

nadie hay
y el aire elemental
se adivina en el instante

debo decir
que así estoy
profético ante mí

ante los que quisieran
husmear en mis heridas

debo decir
que quizá tendría
que saldar cuentas con la nada
con lo que no seré
y que no tengo

para que la tiniebla
del desasosiego
venga certera

para que tenga motivos


33

la lluvia
desordena los techos

despedazada
derrama sus partes

aquí abajo
resistimos sus embates

con tenacidad propia
para la ocasión

aunque acabáramos
todos matados


36

me duermo
con la noche perforada
acuciándome las sienes

con mis razones
con mi oficio predilecto
velándome los sueños

con la suma de tus ropas
confundidas en mis restos
apretadas en mis manos

a sabiendas que al abrir los ojos
compareceré saldos
y equilibraré deudas

como una ciega máquina
que ajusta sus planillas
tormentosamente hoscas


37

dosmilmetrosdealtura
las nubes se disputan
los rincones del cielo
y éste
abatido ya
nos otorga todo su llanto

la leña
mi espalda
renuncian entonces

y descendemos todos
acuosos
beligerantes
abriendo destino
a filo de hacha

hasta el cálido candor
en donde nos dejamos cocer
para sabernos
para sentirnos enteros
desafiantes


38

la mitad este del cielo
devenida en negro
la oeste
blanca

en el centro
flanqueado por dos ríos imposibles
esto que soy
dúctil ante la lluvia
vecina de mi hombro

para las aves urge el resguardo
para los árboles y yo
la resignación

(De "Razones de la cólera", 2008)

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