miércoles, 2 de enero de 2008

IRRUPCIONES (pequeños mundos)

Noticia de un suicidio
A Lili, detrás de la cordillera, cerca del mar…

El no sabía escribir. Entendía que ordenar palabras en el papel era sólo depositar signos ilegibles, indescifrables, pero no escribir. Entonces, cuando esto sucedía, cada poesía sin terminar, y mientras durara su corrección, era adherida a la pared, para no ser perdida de vista, para que lo inconcluso fuera tormenta que quite el sueño. Pero un día, las paredes colmadas de intentos pendientes (incluso la ventana misma había sido cegada en algún momento con textos que primero otorgaban un trasluz generoso y después nada; y hasta los cuadros del contrafuerte, la biblioteca y las fotos), habían reducido tanto el espacio que fue necesario utilizar la próxima superficie posible: el piso. Fue así que comenzó a distribuir los textos primero sobre las baldosas, luego sobre los muebles y después en los recovecos que estos otorgaban. Así, el nivel del suelo se elevó tanto que prácticamente se puso en contacto con el techo, y ya no hubo posibilidad. Él nunca supo escribir, y esa fue su forma de morir, sin agitaciones, sin libertad, analfabeto, con sus miles de poemas inconclusos, que nunca nadie leerá, clavándoseles en el cuerpo, oprimiendo su cuello, robándole el poco aire de ese, su pequeño despiadado mundo.


Décimo piso
A Paola F., que parece eterna en su oficina.

Miraba la ventana cada vez que pasaba a su par, con ese abrazo repleto de papeles y obligaciones. Cuando se sentaba en su escritorio ésta quedaba exactamente de frente. Diez pisos -pensaba mientras la observaba-, sólo eso, diez pisos; y abajo ese colchón de gente que amortiguaría cualquier eventual caída. Y los gritos de los jefes y los maltratos y el exceso de tareas y el sueldo que no alcanza. Son sólo diez pisos, y ese colchón de gente… Así transcurrían sus jornadas, con la ventana como protagonista.
El día que tuvo valor, y pudo juntar coraje para abrir la ventana y enfrentar esos diez pisos, ese día, habían decretado asueto administrativo y la ciudad era un desierto.


La historia del radio cuento

La voz venía de abajo de la cama. Sonaba, retumbaba; generaba la acústica perfecta en el silencio de las sombras de las que está hecha la noche. Se colaba por el elástico antes y el colchón después, para atravesar las sábanas, evadiendo la genuflexa ubicación del cuerpo, e irrumpir en los oídos. La historia del radio cuento relataba los pormenores de un hombre normal, con una vida normal, con una familia normal y un trabajo normal. Un hombre que cada noche, antes de acostarse, encendía su radio, que se encontraba debajo de la cama, sintonizaba el radio cuento y escuchaba la historia de un hombre normal con una vida normal, con una familia normal y un trabajo normal.


Destierros

Nunca entendí por que mi abuela se pasó la vida sentada bajo ese árbol que tenía hojas todo el año, y que otorgaba el beneficio de una sombra perfecta. Años me costó comprender que la semilla de la que creció ese hermoso sereno, había sido el único bien que ella consiguió traer desde su patria, apretujada en su pequeño puño, atravesando ese océano inconmensurable. Y que al plantarlo, él se ató a la tierra, y ella a su sombra; y que ya nunca jamás pudieron desprenderse.

(De “Desperfectos (cruda poesía mía)”, 2007)

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Sabes que mucho mucho los relatos no me gustan, prefiero las poesias, será araganeria?? nosé, pero esta vez quiero que sepas que "Destierros" me parecio hermoso y muy tierno, directo a los recuerdos de mucho de nuestros abuelos que mantienen esa conexion con su tierra con algo tan pequeño como una simple semilla...
Se que algun dia esto dejará su anonimato, tu mision para este año nuevo.Beso!

Ananda Nilayan dijo...

Leo, son duros y muy reales. Me han llegado de manera intensa, sobre todo "Décimo piso". Me quedo reflexiva y pensativa. Gracias por enviarme el enlace. Abrazo.

Redacción dijo...

A diferencia del comentario anterior, yo no me siento del todo a gusto con la poesía. Pero confieso un profundo enamoramiento del microrrelato. Si antes me gustaba leerte por tus poemas, ahora me convetiré en la presidenta de tu Club de tu Fans.
Me fascinaron,en especial "Décimo piso". Es redondo , con un final perfectamente programado para dispararle interrogantes al lector.
Capo

Carolina Fernández

Redacción dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Redacción dijo...
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Redacción dijo...

se me borran

Leo Mercado dijo...

seguí intentando, Redacción.... (no entiendo por qué sucede)