miércoles, 31 de octubre de 2007

Versos, otra vez...

XXXI

ordenar tus lunas
y el misterio develado
de tus pies desnudos

quizá no sea evidencia
de nuestras noches
y sus tropeles

sé que no inhalaré todo el aire
destinado a mis pulmones

y que ese será el dictamen

por lo demás
tu noche prolija
formará parte de otro cielo

la mía en cambio
de ojos enormes y harapientos
murmurará las palabras
que demando


XXXII

entonces
cuando me vuelva rutina
asumiremos silencios

enfrentaremos esos seres
que creemos reales
pero que ocultamos en el placard

yo seré la suma
de dedos manchados
el que tiembla a tu sombra

vos la brisa ardiente
que transcurre aletargada
por un día anhelado


XXXIX

acaricio los detalles
mientras me apresto al viaje

yo
moroso de tactos
dejo que mis palmas descansen
por un instante
en la topografía de tus mapas

sé que más tarde
mi destino otra vez
será marcharme entre sombras
y esas complicidades de la noche


XLI

ignoro si hoy
podría consolar todo el verde
que mis ojos abarcan

habría que ocultarse
entre disparos al aire

entre la arcilla
en que modelo una costilla

para que seas
para tener mi costado intacto


XLIII

el revés de mi camisa
su estar patas arriba
y las verticales trenzas

es todo lo que mi ventana
complace

yo revuelvo
líquidos imposibles
hasta el cansancio

fecundo esos engendros
que poblarán mi mundo
de papeles ilegibles

quiero decir
tirito en esta cárcel
todos mis huesos demasiado

(De "Entressilencios", 2007)

miércoles, 17 de octubre de 2007

USANZAS y otras costumbres

Ella abre las cortinas de par en par, marcando una cruz perfecta, intersectando sus dos brazos en línea recta con el resto de lo que queda de su cuerpo perpendicular. El sol se aventura, violento, sobre las sábanas antes, y mi piel después. Ocho treinta de la mañana. Las responsabilidades parecieran llegar siempre en el momento menos oportuno. Me despabilo entonces las modorras y las lagañas, los abrazos, los besos trasnochados. Dejo restos de mi cara en la toalla, restos de pasta de dientes, rubores ajenos. Me visto con lo primero que encuentro, que, a su vez, coincide con lo último que perdí anoche al borde de la cama. La camisa deja entrever, en el surco que marca el saco en dirección norte-sur, algunas peripecias que la plancha ignora, y que yo hago como que no importan.

Abro la puerta con los ojos cerrados y beso a mi mujer mientras inhalo profundamente, por última vez, el aroma a café caliente que le ronda el cuello. Como todos los días, tardo algunos segundos en abrirlos, y al hacerlo, el mundo sigue siendo igual que ayer: el mismo árbol en el mismo lugar, la vereda de tierra ahí, la lejana tranquera, el surco de agua, las hojas secas, los cerros del frente. Sin embargo, la tranquilidad de la costumbre, surte cierto efecto de continuidad del cosmos. Mi cabeza se agacha, casi involuntariamente, producto acaso de la gravitación. Lo que encuentro entonces son mis pies dentro de los zapatos. Muevo los dedos y pareciera que hubiera hormigas en su interior, intentando escapar. Pienso entonces en el camino por delante, en el furor todopoderoso de la cobardía, en los peces de plomo, y emprendo quizá el último viaje.

Ella abre las cortinas de par en par, marcando una cruz perfecta…

EL FILO DEL PU( )AL

Advertencia
En un primer momento, creí que los hechos se( )alados a continuación me habían sido confiados por el mismísimo protagonista, dos días después de sucedidos. Yo intenté relatar una historia al respecto y no pude hacerlo. Las palabras que proceden son un peque( )o y empe( )ado, aunque insuficiente, intento en ese sentido. Sólo después de escritas entendí que jamás había estado en Espa( )a, y que mucho menos podría haber conocido a I( )aki Nú( )ez. Podrá decirse o pensarse entonces que acaso yo soy el protagonista; en tal caso, ni yo mismo ni estas palabras, ni este papel ni usted, entra( )able lector, existimos.



Al abrir los ojos, las laga( )as cotidianas no entorpecieron su visión. Frunció el ce( )o, levemente, y se miró en el espejo. El sue( )o, de otras tantas ma( )anas, desde( )aba la peque( )a e imperceptible imagen del reflejo. Espa( )a en esos a( )os respiraba olor a espanto, a ca( )ón. Constri( )ó nuevamente al espejo, desconfiado, desafiante. Extra( )amente no había nadie. No pudo acompa( )ar su pu( )o hacia el bolsillo izquierdo del pijama, no hurgó, no instigó, y no dio con su pa( )uelo. No halló se( )as, rastros. Algo andaba mal. Giró su humanidad ciento ochenta grados, con la cabeza gacha, buscó ce( )irse con ambas manos al lavabo. No consiguió hacerlo. Entonces su respiración comenzó a acelerarse. Corrió hasta el cuarto y advirtió que en el teclado de su máquina de escribir faltaba una letra. Trató una y otra vez y no logró escribir su nombre. Tampoco sus u( )as estaban en el lugar exacto. Algo andaba mal, definitivamente. Todo parecía ensue( )o. Revolvió sus papeles, insistentemente. Era su efigie, sí, la de la cedula de identidad, pero no pudo leer su nombre ahí. El desenga( )o y la desazón fueron un hecho. Las sombras todo lo cubrieron. Así, el se( )or I( )aki Nu( )ez, como un ni( )o que extra( )a sus mu( )ecos, eligió el filo del pu( )al. Ese día no pudo morir.


A Ana Lucía Mondada

martes, 16 de octubre de 2007

...más silencios

XI

bajo la elocuencia de esta certeza
perezco

yazgo tendido
con murmullos de abatido

es cierta la sentencia
ciertos son mis fantasmas
sus eternas soledades
todas mis bocas mudas

lo que perdemos
señores
es solamente aquello
que no pudimos sostener

o que no pudo sostenernos


XII
(autorretrato)


comencemos por nombrar la noche
altísima
inacabable

y la planicie que la sostiene
hacia el sur
amparo de seres que acechan
por la recta colina
flanqueada por destinos muertos

y ahí
hueco infinito de vientos
animal de presa
catapulta
artilugio del salto

terminemos por nombrar marañas
la suma de alambres tejidos entre sí
crujientes metáforas
de un sospechado cuerpo
que ensarta dos tentáculos
en el mundo

y que pretende respirarse


XIV

la hormiga arrastra la hoja
trabajando ferozmente

la mariposa lucha contra un día
que no la salvará

acrecienta sus colmillos desafiantes
la araña sobre la tela

yo escribo el mundo
con desesperación de insecto

con fallecimientos ajenos
para otra ocasión

con soledades de jungla
y sombras en la sombra


XXI

mis palabras
se avergüenzan
de las manos que las urden

intentan huir de la cárcel de papel
que les toca en suerte
del nombre
que algunas veces es mío
y las persigue

de mis rectas culpas
de sempiternos fantasmas

de todo lo que no soy


XXII

ha de volver
lo sé
tu cuerpo a mi intemperie

despojado de sus jaulas

nos abandonaremos entonces
a la horizontalidad de una cama
A U S E N T E

y lloraremos
lloraremos juntos aquello que no existe


XXIV

poco importa
mi vida

algún día
no tendré sueños que soñar
no me recordará el papel
ni el polvo

no ampararé criaturas
en mis sombras
ni compartiré el sabor amargo
de mi boca hueca

entonces
cuando el viento implacable
de los días triunfe

poco importará mi muerte

(De "Entressilencios", 2007, en confección)