domingo, 16 de diciembre de 2007

16

procuro
que en la caldera ardan
la madera
las furias
los papeles
mis pedazos

la lluvia que guardo en el hueco de mi abrazo

consagrando está
que es
también
su forma de partida


17

la noche no se aprieta
contra mi pecho

se escapa
monte adentro

y se erige
definitiva
detrás de los cerros inmóviles
que la alimentan

la luna
hoy afilado puñal
no sospecha
estos pormenores lúdicos

espera
desde la primera
de todas las noches


19

si pudieran creerme
que es el tiempo
quien olvida

y no yo

que mis dedos
no son los que
fabrican historias

y sí los tuyos

que me escondo
detrás de mis suspiros
que quisiera que me vieras
tal vez arrojarme al vuelo

que no podría hacer otra cosa
que retorcerme el pescuezo
para saberme vivo

créanme


20

Para Aña, el niño que alguna vez, en la selva guaraní,
me confesó que era un árbol. Él tenía cinco años de edad,
yo algo más de veinte; en ese entonces no supe o no pude entenderlo.


entonces
harto de los quehaceres
de la sombra

de rebosar
en la propiciación acuática

nazco

y me nombro
con un vernáculo silencio
acorde a mi piel oscura
a mi lóbrego pelo

y mis pies enraízan
y mis manos enraman
y me sonrío entonces
como parte del viento


25

digo mis fuegos
cociéndome las partes
el bambú del crucifijo

digo mi espina dorsal
segmentando mi centro
la unión de mi equilibrio

nos digo a todos

a los paraguas de turno
esos mis hongos
después de la lluvia
a las incesantes costureras
del tiempo
artrópodos acechantes

digo mi mano
por último
escribiendo este poema
para vos
para que sepas que vivo

pero sólo aquí
en esta coyuntura
que mis dedos dicen


26

yazgo
profundo de lluvias estivales
desamparado

y desde mis ojos
los cuervos se alimentan
de la benevolencia del verde

esta tarde agonizante
me obsequia el último
de sus suspiros

mientras retorno en mi quietud
al lecho donde fundo
mis minúsculos universos


28

el gran sorbo
de esta sangre tuya
que reclamo

predilecta ofrenda
en la noche sempiterna

que hace mis partes
unirse al todo
que somos

la otra en cambio
noche perecible
está hecha de soledades
de ataduras de sombras
y puñados de espanto

nada podríamos ahí
nada seríamos ahí


30

yo prefiero
la desnudez del mar
ese saber morirse
en íntimas quimeras

la infinitud de su ojo azul
continente invertido
de furias
y mareas interiores

por que nos parecemos tanto
que confundo
por momentos
nuestros respectivos letargos

(De “Desperfectos (cruda poesía mía)”, 2007)

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo te creo, porque pasa...y más seguido de lo que pensamos o sentimos(19).
Beso

Jazmín dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Jazmín dijo...

procuro
que en la caldera ardan
la madera
las furias
los papeles
mis pedazos

la lluvia que guardo en el hueco de mi abrazo

consagrando está
que es
también
su forma de partida


Ni hueco
en el abrazo,
ni cenizas
de las brasas.
Ni la lluvia
es una partida.
Solo presencias
de furias y pedazos.

Leo Mercado dijo...

Jazmín!!!!
Por tus comentarios, volvi a leer estos poemas, y me dieron unas ganas terribles de grabarlos. Quizá lo haga.
Besos.

Jazmín dijo...

No los grabes. Publicá un libro. Leí el comentario en el blog de Guillermo Iglesias. Sos un pendejo, pero nada más. Y además un escritorazo. Sabés? Me da miedo comentar, ustedes son escritores. Yo solo escribo mis emociones. Ni sé cómo escribirlas, solo salen. Últimamente he pensado que es hora de dejarlo. O hacer uno nuevo, solo para mí. Así escribo como se me dé la gana. Me cansa revisar. Me cansa intentar que salga bien. Uy, qué manera de escribir! Es mucho. Fin.

Leo Mercado dijo...

Jazmín, la única dferencia entre un tipo como yo y una mujer comno vos, es que yo me creo el cuento. Yo creo que soy escritor. Nada más. Aquí no hay genialidad. Sólo oficio.
Abrazo grande.

Jazmín dijo...

Si a "una mujer como vos" es que te referís que no sé nada, tenés razón. Por eso abandono. Y sigo pensando desde mi "no sé", que sos un escritorazo, no sé si genio. El OFICIO ya lo tenés. No sé decir cosas que te llenen el ego, soy simple, pavota, tonta, o lo que sea. Cuando a uno se le caen las lágrimas, y no sé, algo se murío. No te invito al velorio.