miércoles, 26 de septiembre de 2007

TRES (PRIMEROS) SILENCIOS

II

coronado de espinas
suspendido entre maderas
observo los secretos del viento
sus eternos designios

soy el origen mismo del pecado

egoísta perezco
sin compartir mi muerte
y sus divinas providencias


III

cargo bajo el brazo
la leña que es el día

[junto a la caldera
agazapada
espera el hacha
que es la noche]

transito los senderos del felino
de la antigua muerte
conjugada en tabacos pretéritos

del indiferente árbol
que dibuja en sus ramas
pájaros que no se posan
libertades que no tiene


V

ya no habrá tiempos
que se ensamblen en manos
propensas al vuelo

habrá la noche
el cielo raso
las nubes
sus pavores
(De "Entressilencios", 2007, en confección)

3 comentarios:

Anónimo dijo...

...primero queria agradecerte por haberme hecho encontrar una parte de mi que estaba perdida.Por motivos de fuerza mayor probablemnte no recorra mas estas regiones tan bonitas y profundas, el tiempo, el tiempo supongo que hará lo suyo; disfruté mucho de esta lectura como de otras tantas.
Un agrazo grande

Anónimo dijo...

Si uno viniera,
tomando por la ruta más probable
desde donde es probable que viniera;
si uno viniera en primavera,
volvería a encontrar blancos los cercos
en mayo, con dulzura voluptuosa.
Lo mismo encontraría al final del trayecto,
si llegara de noche como un rey desdichado,
si llegara de día sin saber por que vino,
lo mismo encontraría al dejar el camino
desigual y dar vuelta detrás de la pocilga
hacia el sepulcro y la fachada oscura.



Si uno viniera por cualquier camino,
partiendo de cualquier lugar,
a cualquier hora, en cualquier estación,
siempre SERIA IGUAL: tendría que dejar
la razón y el sentido…

(T.S.Eliot)

Igual, lo mismo, en mayuscula, con comillas, en voz alta...
Bien sabes que es lo que quiero decir: la inmutabilidad de la esencia de las personas, si es que existe ya ese concepto.
Perdon por la extension.
Abrazo

gabriela dijo...

Lemmer: lindas palabras, segui con el mate azucarado y la renoleta q es una maza!!!!!acordate siempre de la antitetanica, papa!